domingo, 3 de julio de 2011

No es mas que un hasta luego, no es mas que un simple adios

Que afortunada soy de tener una familia tan unida como la que tengo. Bien es cierto que mi familia es un completo pastel. Un desorden, una locura del que, tengo que admitir, nunca nunca me voy a cansar. Recientemente he tenido la mala suerte de perder a uno de los miembros mas importantes de mi familia. Mi abuelo, Coco. Coquito era el papa de mi mama, pero mas alla de eso. El era el pegamento que nos mantenia a todos unidos. No se como vamos a hacer, ahora que el ya no esta. Se que tenemos que ser fuertes y valientes, pues si hay algo que el nos enseno, es que la valentia y el coraje nos llevan a donde sea que queramos ir. El dia del velorio de mi abuelo, quise decir unas palabras para el, ya que sabia cuanto le gustaban mis escritos. Asi que quiero compartir este discurso con todos aquellos que alguna vez han perdido a alguien. Espero que esto les haga abrir los ojos, y los invite a pasar mas tiempo con sus seres  queridos. ADEUUUS

Pareciera que hubiese sido ayer, que nos sentamos el 31 de diciembre a discutir cual habría sido nuestro mejor momento de la década ya pasada. Coco, mi abuelo, afirmó que el mejor momento de la década, había sido sin duda la boda de mi tía Ana María, pues había estado y compartido con toda su familia.

El día que llevaron a Coco a la clínica, esta última vez, yo ni siquiera me preocupé. Sabia que mi abuelo había entrado y salido de esa clínica tantas veces, que solo pensé que esta vez iba a ser a igual.

Durante esos 40 días de incertumbre, no sabía como debía sentirme. Fue una montaña rusa en la que nunca mas me quisiera volver a subir. Después de tantos altos y bajos, me sentía mareada y confundida, y descubrí que mi único deseo era que mi abuelo saliera ya de allí.

Todos los días que visité a coco en la clínica, sentía una desesperada ansiedad por entrar a verlo. Estuviese despierto o no, yo sentía la necesidad de estar allí con él. Yo no comprendía, porque querría someterme a mi misma a semejante tortura. Fue así que un día cuando ya me tocaba salir de la visita, entendí que todo lo que hice, es porque me rehusaba a dejarlo ir.

Mi abuelo Giovanni fue un excelente padre, abuelo y hermano. A pesar de que no siempre lo demostraba, Coco nos quería y cuidaba a todos nosotros cercanos a él. Fue un hombre valiente, que luchó contra las difíciles circunstancias de la vida, siempre liderado por sus indomables ganas de vivir.  Todos los que algunas vez conocimos a Coco bien sabemos que fue un hombre encantador, con quien había que pelear o discutir para poder disfrutar. Nuestro amor por Coco era indudable entonces, y así seguirá siendo ahora y siempre.

Innumerables veces le susurré a mi abuelo que fuese valiente y que no tuviese miedo. Como siempre, Coco lo logró y luchó como un campeón hasta el final. Mi abuelo cumplió, ahora nos toca a nosotros. Nos toca ser valientes y estamos obligados a no tener miedo.

Bien es cierto que la vida sin Coco no va a ser igual, va a ser indudablemente algo completamente distinto. Un giro de 360 grados. Siempre mientras estuvo con nosotros, Coco nos obligó a tener valentía. No dejemos que esa enseñanza se desvanezca con el tiempo.

Abuelo, desde que te desahuciaron hace ya 30 años, te has cuidado y has vencido en todos los combates por tu salud. Ayer perdiste la última batalla en la guerra de la vida, pero ganaste la vida eterna en nuestros corazones. Feliz viaje, te amamos. 

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